Un café con la cruda realidad

Fuente: Flickr

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Esta mañana me he tomado un café con un compañero del máster. Se trata de una persona que admiro mucho (ya doctor, en tiempo récord) y que es también uno de los pilares de mi support circle. Suele escuchar mis elucubraciones amablemente y darme siempre buenos consejos. Pero hoy la conversación no ha versado sobre mis dudas con la nueva temática, o grandes ideas o proyectos, como de costumbre, sino que ha sido un choque con la cruda realidad de la investigación en nuestro país.

Esta persona, con mucho talento, sólidos valores y muchas ideas, una persona que admiro, dice que renuncia a intentar encontrar un hueco en el sistema universitario de nuestro país. Un sistema perverso, con modalidades de acceso injustas, en el que hay poco hueco para la innovación. Y para los jóvenes.

Estas cosas duelen. Por un lado duele que una persona que vale no encuentre su sitio. Que un talento tangible se vaya fuera o se dedique a otras cosas. Que el esfuerzo por acabar una tesis de cum laude en tiempo récord no se vea recompensado adecuadamente.

Y por otro lado, me he visto yo dentro de dos años. Porque pensar que lo voy a conseguir con mis propios méritos es simplemente una utopía, eso tengo que empezar a tenerlo claro. Y para gente como nosotros que no nos dedicamos a la ciencia en el sentido estricto del término, hasta hacer valer los conocimientos adquiridos en el doctorado en la empresa privada no es fácil. Es más probable acabar alargando la lista de los jóvenes sobrecualificados.

A pesar de estos pensamientos no muy positivos, hoy no me he venido abajo. Porque aunque hoy no haya tocado hablar de mí, desde la conversación de hoy he aprendido cosas. Y la más importante es que no hay que venirse abajo (¡viva la resiliencia!). Mi nueva temática me gusta e intentaré disfrutar del camino, con todos sus altibajos, hasta concretarla en una tesis (espero). Intentaré igualmente trabajar para mejorar mi curriculum, aunque sin obsesionarme. Aunque siempre es bueno tener un poco de perspectiva, no dejaré que las preocupaciones para el futuro me distraigan de mi trabajo presente. Y aunque no pueda cambiar el sistema, intentaré poner mi granito de arena en la medida de lo posible para no alimentarlo.

En cuanto a mi compañero, inútil decir que le deseo todo lo mejor, sea donde sea. Me he despedido de él aconsejándole la lectura del libro ¿Quién se ha llevado mi queso? de Johnson Spencer, un breve libro sobre el miedo a los cambios, que leí el año pasado. Y que he vuelto a guardar en mi e-book para una próxima consultación.

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8 comentarios en “Un café con la cruda realidad

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