No siempre lo urgente es lo importante*

En todos los puestos de trabajo los empleados, a menudo, tenemos tareas (casi siempre urgentes) que no están estrictamente relacionadas con lo que realmente estamos pagados para hacer. Y eso sin que nos exima de nuestro trabajo real.

Si las tareas que tenemos que realizar nos apetecen, puede que las hagamos a gusto o que se nos otorgue una maravillosa excusa para procrastinar. Si lo que nos mandan no nos gusta, entonces, lamentos a parte, viene un poco de mal sabor de boca, o incluso insatisfacción.

En ambos casos, lo que no nos quita nadie es cierto estrés, porque las tareas importantes (en nuestro caso la tesis) se quedan atrasadas, los plazos se quedan allí amenazantes, nuestra lista de tareas crece de manera exponencial. Y todo ello puede genera cierto nerviosismo, preocupación o, al menos, cierta inquietud.

Yo no tengo la clave para solucionar este problema (se me ocurre solo eliminar a los jefes, pero tampoco resolvería nada), pero sí que quería comentar tres puntos al respectos, basados en mi experiencia personal.

  • En un par de ocasiones, he dicho que no. Sé que no hay que fomentar la insumisión a la jerarquía, pero soy incapaz de hacer algo que me parece injusto, como no firmar un trabajo que se realiza (lo sé, bienvenida al club, pero no, no me parece bien; a veces lo he hecho, un par de veces me he negado a hacerlo).
  • Cuando es inevitable tener que apartar la tesis para hacer otras cosas más urgentes, encuentro realmente útil no perder el contacto con la tesis y dedicar aunque sean 5-10-15 minutos a ella. En 20 minutos se puede leer un artículo no muy largo, en 15 minutos un pequeño esquema de lo que queremos escribir, en 5 minutos un poco de freewriting para organizar las ideas. Si estoy días sin tocar la tesis (excepto el fin de semana, todavía me lo puedo permitir) luego me cuesta mucho volver a coger el ritmo (y el hilo de lo que quiero hacer).
  • También encuentro útil atenerme a las 5 prioridades que tengo en mi vida actualmente y la tesis es una de ellas. Visualizo mis días como si fueran un rectángulo de 3×2, con seis secciones.

prioridades

Suelo organizar mis días dedicando algo de tiempo a cada una de mis 5 prioridades (incluso las más relacionadas con la vida en general, la tesis solo es una de ellas), que pongo mentalmente en cinco de los seis recuadros, y solo tengo un último hueco para otras cosas. Este método me ayuda también a no exagerar con las actividades extra (tengo la tendencia a llenar todos los minutos de mis días) y a centrarme en lo que realmente importa. Este método no lo he inventado yo, pero hablaremos de ello en otro post.

Así que, a trabajar, haciendo lo urgente, sin olvidar lo importante.


* Este post llevaba gestándose varios días en mi mente y se iba a titular Lo urgente y lo importante. Hace un par de días escuché en la radio una canción de Fito & Fitipaldis que no conocía (A la luna se le ve el ombligo), que en su estribillo dice No siempre lo urgente es lo importante. Así que quise cambiar el título del post, sin alejarme mucho de mi idea inicial.

 

 

 

 

 

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3 comentarios en “No siempre lo urgente es lo importante*

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