Un año después

Imagen

Fuente: Imágenes de Google

Han pasado exactamente 365 días desde que empecé con mi tesis. Me acuerdo perfectamente qué pasó ese 3 de junio de 2013, primer día en el que empezaba a trabajar en la universidad.

No me hace falta revisar la primera página de la libreta que estrenaba ese día para recordar que quedé con mi directora y tuvimos una breve reunión. Me preguntó aspectos prácticos como la duración de la beca, si podía impartir docencia, mi horario de trabajo. Me explicó la importancia de publicar. Me pidió que me enterara de cualquier convocatoria de ayudas públicas. Y luego hicimos un cronograma de cómo debería organizar el trabajo. Lo veo en mi libreta: junio 2013, centrar el tema, desarrollarlo y revisión bibliográfica, marzo 2015: acabar el análisis de los datos (previamente recogidos y clasificados) e irme de estancia; marzo-diciembre 2015: redactar, diciembre 2015: depositar la tesis. Todo ideal. Me acuerdo que mi directora me avisó de que era un camino difícil, que tres años eran pocos, me contó anécdotas sobre el mismo desarrollo de su tesis y me aconsejó trabajar todos los santos días sobre la tesis (consejo que no sigo). La guinda la puso el acto académico al que asistimos después: fuimos a ver la defensa de tesis de un compañero del mismo departamento, que presentó ante mis ojos de doctoranda novata e ilusionada una tesis original, brillante y justamente obsequiada con un cum laude. Ya sabía lo que quería, o al menos lo creía.

Las cosas no podían empezar mejor. Estaba motivada, ilusionada, algo asustada (por qué negarlo), pero con ganas. Redacté un cronograma más personalizado y detallado y me puse manos a la obra. Sin embargo, en los meses siguientes no se cumplieron mis espectativas, y me encuentro hoy, un año después, en una situación que antes no había imaginado ni lejanamente.

En primer lugar, no imaginaba que sería tan difícil. Que en realidad no lo es, yo me he leído varios libros sobre investigación y el método lo conozco de memoria (¡hasta he dado una charla a los alumnos del máster sobre eso!). Lo que no imaginaba era que yo era incapaz de aplicarlo. Como muchos de los que habíamos estado aquí, siempre había sido una estudiante brillante, me consideraba una persona inteligente, y en ámbito académico no había tenido nunca ningún problema, siempre había logrado lo que me había propuesto (y siempre con antelación). Era una gran fuente de orgullo y satisfacción. Y no conseguirlo con un proyecto tan personal y absorbente como la tesis ha sido (y es duro) de aceptar.

En segundo lugar, no imaginaba que cambiaría la temática de mi investigación y que sería justamente esa la dificultad principal que me encontraría. Estaba muy contenta con mi tema, y me parecía que tenía futuro e interés incluso fuera del ámbito académico. Y hace un año no podría haber pensado que 365 días después no habría ni una línea escrita, no habría avanzado nada, habría cambiado de temática y todavía el tema de la tesis sería mi principal fuente de dudas.

Tampoco podía imaginar que mis objetivos cambiarían tanto. Entonces quería ser investigadora, quería hacer un trabajo excelente e ir construyendo un buen currículum, que me permitiría posteriormente optar a poderme quedar trabajando en la universidad. ¿Quién no piensa lo mismo? Ahora mismo mis objetivos han cambiado radicalmente.

No he adquirido sólo conocimiento. Sobre todo he aprendido mucho sobre mí.

Y finalmente, no habría imaginado nunca que lo que más he aprendido este año no han sido conocimientos sobre un tema de investigación u otro, o sobre aspectos concretos del trabajo an ámbito académico. He aprendido mucho sobre mí, sobre mi manera de trabajar, qué funciona mejor o peor y cuáles son mis debilidades principales. He aprendido a moderar mis ambiciones y empezar a programar a corto plazo. He aprendido que todo el mundo, incluida yo, tiene dificultades durante el doctorado, pronto o tarde los problemas llegan. Puede que haya aprendido a trabajar con algo más de rigor y a ser más crítica en mis lecturas. He aprendido a establecer prioridades en mi trabajo, aunque admito que hay días en que no consigo ceñirme a ellas. Y sí, aunque no sea ninguna experta, algún conocimiento más sobre mi disciplina, voluntaria o involuntariamente, lo he adquirido.

Ahora mismo no imagino cómo estaré el 3 de junio de 2015. Al menos espero tener algo más entre manos que lo que tengo ahora. Pero no quiero imaginar nada. El futuro se construye día a día.

Anuncios

3 comentarios en “Un año después

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s